Por qué adoro mi pueblico

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Soy una afortunada. La ciudad es mi hábitat: que no me quiten los atascos, los embotellamientos de los sábados en las zonas comerciales o los ensayos del vecino DJ a las tantas de la noche. Pero que no me quiten mi pueblico -el pueblico natal del sposo, vaya- porque me da algo. Sus amaneceres, su olor a verde, su ritmo.
Soy su habitante “adoptada” desde que conocí a J., hace casi unos -brrrrrfffff- 10 años ya. Al principio nuestra relación (con el pueblico, quiero decir) fue de flechazo. Aunque la ciudad donde vivimos es pequeña, para mí conocerlo fue como el “gran despertar”. Todo me sabía -y me sabe- buenísimo y me encantó la calidez de su gente. Luego, como en toda relación, la pasión dio paso al conocimiento mutuo y al cariño. Reconozco que algunos viernes por la noche, cuando nos trasladamos allí para pasar el fin de semana, me puede más la pereza y me sería más placentero quedarme en casa con nuestro plan tradicional del viernes noche: pizza + vinito + peli. Pero cuando me despierto allí el sábado por la mañana el chip me cambia por completo.
Por eso digo que soy una afortunada avariciosa: porque puedo tener ambas cosas, ciudad y pueblico, de manera regular durante el año. Y no os imagináis cuánto lo valoro. Allí desconecto, me relajo y me da tiempo a fijarme en detalles que en ocasiones se me pasan por alto cuando nos quedamos en casa. Es allí donde se me ocurren algunas de mis mejores ideas, donde descanso y recupero el sueño (yo, alondra perdida, quien se despierta a las 6 de la mañana sábados y domingos incluidos, para aprovechar el día), y donde puedo practicar una de mis grandes aficiones, la fotografía –amateur, of course-. Desde aquí un abrazo a mi suegra -todavía no me lee, que conste-, quien nos trata como a reyes y sin la cual esto no sería posible (de aquí a los Oscar sólo hay un paso).
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¿Y vosotr@s, sois más de pueblo, de ciudad, o avaricios@s afortunad@s como servidora?
Lourdes.
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Si el frío aprieta… ¡Hornea que te hornearás!

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Domingo, día 17 de 2016. Retomamos con ganas e ilusión la costumbre de compartir un poquito de mis inquietudes en la blogosfera. Fuera el frío ha llegado con fuerza, quizás para compensar estos días inverno-primaverales con los que nos ha obsequiado hasta hace bien poquito. No sé a vosotr@s, pero para mí un domingo en casa + fresquito fuera = hacer de cocinillas. Me encanta relajarme un rato mientras experimento con alguna receta nueva, preferiblemente de dulces y postres. No soy Masterchef, eso seguro, pero con un poco de dedicación y cariño el resultado puede ser más que aceptable.
Eso es lo que ha ocurrido con el experimento de hoy. Seguro que habéis oído hablar largo y tendido del Crumble de manzana, un postre originario de Inglaterra elaborado a base de harina, azúcar, y por supuesto manzanas.
Me he animado con esta receta gracias a Sabores. Esta página de Facebook ha sido para mí un auténtico descubrimiento. Ver cómo en pocos minutos puede conseguirse algo tan apetecible y de manera tan aparentemente sencilla da ánimos a cualquiera. ¡Y vaya si me he animado!

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Los ingredientes no pueden ser más simples y fáciles de conseguir: manzanas, canela, azúcar, harina, mantequilla y nueces. El quid de la cuestión es ir haciendo pisos y como último paso elaborar la masilla o pegotes harinosos que le dan el toque crujiente al postre.
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El resultado: el plato limpio y sin miguitas. 😉 Y vosotr@s, ¿os animáis a probarlo?
¡Feliz domingo!
Lourdes.

El otoño tiene su encanto

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Soy muy de verano, lo reconozco. De pequeña no, al contrario. Pero conforme fui creciendo le fui encontrando el gustito a la playa, las puestas de sol, los días más largos, los heladitos…
Reconozco que el otoño es una época de transición, y yo soy más de extremos: o frío o calor, medidas tintas pa qué 😉 Peeeeeero hay que reconocer que el otoño, con la variedad de colores que presenta, es una época preciosa para vivirla. No hace todavía mucho frío y permite ver estampas que vistas tras el prisma de una cámara de fotos parecen de postal.
Os dejo algunas instantáneas de Zona Volcànica de La Garrotxa, en concreto, del volcà de Santa Margarida. Hicimos también una ruta en carro por La Fageda d’en Jordà que nos encantó, es curioso cómo la vegetación más propicia de otras zonas geográficas se ha abierto paso desde hace miles de años en un terreno hostil, y de la manera más mágica.
Y para poner una buena guinda al pastel, el restaurante Verntallat de la Cooperativa de la Vall d’en Bas. Si queréis probar los mejores productos d la zona os lo recomiendo. Calidad a precios asequibles (y que conste que no cobro comisión).
Espero que os gusten.
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The first one

Eh, tú! Sí, tú! No hagas click en las aspas! 😉  Venga, que llevo desde las 6 de la mañana despierta para dar a luz a esta ventanita al mundo. Sé que el título puede sonar pretencioso, a la par que poco original (y algo Mourinhista, pa’ que negarlo, the special one…). Pero si algo aquí ha conseguido que sigas leyendo, dame un voto de confianza. De momento no puedo asegurarte que vaya a dirigirme a ti cada día, pero sí que voy a estar ahí a menudo, contándote mis inquietudes, enseñándote lo que me gusta, y sobre todo intentando alegrarte un poco el día. Que pa’ penas ya tenemos bastantes inputs! Así que si sigues ahí, gracias.